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Volcanes, mar y viñas centenarias: el relato profundo de los vinos de Tenerife

 

Fernando Mora presentó a Tenerife como un territorio vitivinícola único, resultado de la ecuación “insularidad + vulcanismo”. Explicó cómo la latitud cercana al Sáhara y la cordillera volcánica moldean el clima: alisios cargados de humedad en el norte, sequedad y mayor insolación en el sur, con el icónico “mar de nubes” condicionando insolación y pluviometría. Mora hizo un repaso didáctico del ciclo de las rocas y de los jóvenes suelos volcánicos de la isla, ricos en hierro y magnesio, pero de compleja disponibilidad para la vid. Subrayó la diversidad de altitudes (400–1600 m), de microclimas y de materiales, así como las seis denominaciones de origen y el patrimonio de variedades locales y viñas viejas en pie franco, auténtico “Jurassic Park” de la viticultura.

En el turno de los embajadores, Pablo López (Bodegas El Sitio) reivindicó la DO Islas Canarias como herramienta para vinificar en un mismo punto uvas de varias islas, elaborando solo vinos de parcela donde cada botella “representa un terruño”. Darío López (Bodega Ferrera) defendió la riqueza vitícola de Tenerife, aún poco conocida, basada en suelos volcánicos, ausencia de filoxera, manejo ecológico y un paisaje donde la fauna local forma parte del viñedo. Finalmente, se destacó que la grandeza de Tenerife reside también en la pluralidad de interpretaciones del territorio, con bodegas familiares que, desde realidades muy distintas, están construyendo el nuevo relato de los vinos de la isla.

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