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El Mediterráneo en Copa: identidad, volcanes e islas en una cata de alto voltaje

 

En el marco de una cata coral, Bernat Voraviu, fundador de Ithaca Wines (Barcelona, España), planteó el Mediterráneo como “el espacio de mayor densidad cultural del mundo” y defendió que el vino es una máscara tras la que se esconde la identidad de un entorno. Recordó que el 50% de la viña mundial está en esta cuenca y que, cuando sus estilos se definan con claridad, el impacto en el vino fino global será enorme.

Desde el Etna, Andrea Foti, enólogo y productor en I Vigneri (Etna, Sicilia), presentó su carricante de Milo, un viñedo colgado entre el mar y el cráter, donde un clima paradójicamente lluvioso y de alta montaña selecciona uvas de baja graduación y alta acidez. Explicó cómo los cambios recientes en la actividad volcánica están rejuveneciendo suelos ya antiguos, obligando a repensar el terroir en un paisaje que se reescribe a golpe de lapilli.

El chipriota Yiannis Kyriakidis, enólogo en Vouni Panayia Winery (Chipre), reivindicó la memoria de una isla con más de 600 años de tradición, libre de filoxera y con variedades endémicas plantadas en suelos calcáreos de montaña. Describió una viticultura de secano, vendimias muy tardías (de finales de septiembre a noviembre) y un clima mediterráneo moderado por la altitud, ideal para vinos secos gastronómicos que ganan terreno a los dulces históricos.

Cerró el círculo Aimilios Andrei, cofundador de Aôri Winery (Creta, Grecia), con la visión de otra “isla continente” marcada por la muralla climática de las Montañas Blancas, que atrapan frío, nieve y lluvias en la parte occidental. Allí trabaja con la rara cosifalia, capaz de ofrecer frescura, baja graduación y fruta roja tensa incluso en contextos cálidos. Para Andrei, el reto es traducir esa diversidad de suelos —especialmente los esquistos, entendidos como un libro de capas— en vinos precisos, minerales y profundamente cretenses.

La sesión dejó una idea central: el futuro del Mediterráneo no pasa por copiar modelos del norte, sino por escuchar su geografía, sus islas y volcanes, y dejar que la experiencia humana termine de escribir el relato de sus vinos.

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